dimecres, 9 de febrer de 2011

Tú.

Cómo la flor de un naranjo.

Discreto y bello, ahí estás tú.

Como la flor de un naranjo, naces en tierras de soles: huyes de vientos y lluvias para florecer de la forma más apacible y tranquila.

Calma.

De tu disimulo y tu pasar desapercibido, nacen los perfumes más sugerentes y exóticos. Aquellos que se pegan de la nariz al alma y que ya jamás pueden ser olvidados. Aquellos que visitan a uno de la forma más desprovista: por ejemplo, una soleada mañana de abril en una terraza. Y debes abandonarlo todo para inspirar y asimilar cada una de las sensaciones.

Como la flor del naranjo en el Albaicín de Granada. Blanca entre blanco y, sin embargo, de un contraste infinito.

Porque también tú eres azahar y, sin esperarlo ni imaginarlo, te recogí un día y te puse en lo alto de una hermosa coleta

acariciando mi pelo.